- Los Golpes Nocturnos: En una ocasión, mientras intentaba dormir, sintió un golpe imprevisto en su flanco derecho. Al ignorarlo, el suceso se repitió, pero esta vez con dos golpes. Comprendiendo que se trataba de un "espíritu burlón", recurrió a lo que él llama su "espada defensora": una orden mental firme y directa. Expresó en silencio: "en nombre de Dios, ¡retírate!", y las molestias cesaron de inmediato.
- Los Tirones de Sábana: Durante una siesta, mientras leía absorto en su cama, sintió dos rápidos tirones en la sábana cerca de sus pies. Pensando inicialmente que era una broma de un familiar, se sorprendió al ver la puerta cerrada y a nadie en la habitación. Identificando al intruso como "Juan sin ropa", nuevamente utilizó su "espada" con una orden enérgica: "En nombre de Dios, vete de esta casa", logrando que el "bromista" desapareciera.
- El Hervidor Arrojado: La manifestación más violenta ocurrió una madrugada cuando un fuerte estruendo los despertó. Al investigar, encontró la puerta de un pesado placard del comedor abierta y un hervidor de leche tirado en el suelo. El placard tenía un cierre firme y no había corrientes de aire ni animales que pudieran haber causado el incidente. Su rápido discernimiento le indicó que la única explicación era una intervención espiritual. Tomó el hervidor, lo puso en su lugar y emitió mentalmente la orden: "En nombre de Dios ¡Retírate!". El fenómeno nunca más se repitió.
- Vivir en permanente religamiento con Dios, manteniendo una creencia sincera y una vida de nobleza y rectitud.
- La oración constante y respetuosa, buscando a Dios en el "reino que se halla instalado en el corazón". La oración, afirma, es el medio por el cual el hombre propone, pero es "¡Dios es el que dispone!".
Este apartado se erige como una de las columnas vertebrales del pensamiento del autor, Adolfo Pérez Blanco, al abordar directamente el concepto de la reencarnación. Este capítulo detalla cómo una revelación inicial sobre su vida pasada como monje fue sistemáticamente confirmada a través de múltiples testimonios videntes, consolidando su fe en la eternidad del alma y en la existencia de ciclos evolutivos.
La narrativa se sitúa en la década de los sesenta, en medio del doloroso proceso de la enfermedad de su hija. Siguiendo una recomendación, Pérez Blanco lleva a la niña a Rosario para ser tratada por un hombre llamado Cosme. Durante la consulta, sin preámbulo alguno, Cosme le pregunta si sabe quién fue en su vida anterior. Ante la negativa del autor, Cosme afirma con total seguridad: "¡Usted fue un monje!", y añade detalles específicos, describiendo un cuerpo similar al actual, una naturaleza muy meditativa y la imagen vívida de él caminando por el corredor de un convento.
Pérez Blanco comienza a examinar su propia naturaleza y comportamiento a lo largo de los años. Se reconoce como una persona libre de maldad, empática al sufrimiento ajeno, especialmente de niños y ancianos, hasta el punto de derramar lágrimas por ellos. Un ejemplo particularmente revelador proviene de su juventud, a los 18 años, cuando ingresó en la Marina de Guerra. En sus interacciones con mujeres de "vida dispenciosa", en lugar de aprovecharse de la situación, sentía una necesidad irresistible de aconsejarlas. Les advertía sobre la marginación social y el futuro incierto que les esperaba, instándolas a rehacer sus vidas y formar un hogar. Esta conducta, que él mismo considera atípica para un joven marino de la época, la interpreta como un eco de su pasado monástico, un reflejo de su inclinación natural a sentir pena y respeto por el alma de los demás, especialmente por las mujeres, a quienes veía socialmente desprotegidas.
La revelación inicial de Don Cosme no quedó como un hecho aislado. El autor narra una serie de confirmaciones posteriores que solidificaron su creencia:
Estas experiencias llevan a Pérez Blanco a articular una sólida defensa de la reencarnación dentro de un marco de pensamiento cristiano universalista. Afirma que su fe no se basa en el adoctrinamiento, sino en las pruebas vividas que lo rescataron de un estado cercano al ateísmo. Sostiene que el ser humano es, en esencia, un espíritu eterno, un "soplo de vida" de Dios que utiliza el cuerpo físico como un "vehículo" o "mansión" temporal en la "escuela Planeta Tierra".
Este patrón continuó por mucho tiempo hasta que una madrugada, al ser despertado nuevamente por el "grito gutural o quejido" que la niña hacía al inicio de las convulsiones, ocurrió algo extraordinario. Justo cuando se disponía a levantarse para socorrerla, escuchó un mensaje claro y rápido en su mente: "¡Métete con tu pensamiento dentro de tu hija y en nombre de Dios retíralo!".
Durante sus viajes para llevar a la niña a recibir asistencia, solía detenerse a orar, pidiendo no solo por su hija sino por toda la humanidad. Constantemente repetía una solicitud a Dios: "Padre te pido me hagas conocer donde radica el mal de mi hija". Tenía la fe de que, en el momento oportuno, recibiría una respuesta, la cual, según indica, expondrá en otro capítulo.
Esta experiencia se centra en un desafío intelectual y espiritual que el autor enfrentó en 1968, al ser invitado por el profesor de neurología y psiquiatría que trataba a su hija en Buenos Aires para exponer sus vivencias espirituales ante un grupo de médicos.
El profesor, tras escuchar los relatos del autor sobre las recepciones de mensajes mentales, le propuso compartirlos con sus discípulos en el hospital. Le advirtió que él no estaría presente y que sería "acosado a preguntas". A pesar de reconocer su falta de conocimientos filosóficos para un debate formal, el autor aceptó el desafío con la condición de limitarse estrictamente a narrar sus experiencias personales, sin desviarse de ese contexto.
El día acordado, el autor se presentó en un salón del hospital donde fue recibido por un grupo de aproximadamente diez médicos. Desde el momento en que se inició el interrogatorio, sintió una presencia energética sobre su coronilla, a la que se refiere como "el amigo invisible", que se extendía hasta sus hombros. Esta manifestación le proporcionó una profunda serenidad y una paz interior que incluso a él mismo le sorprendía.
Los médicos escucharon su exposición con atención y respeto. Sin embargo, al finalizar, comenzaron las preguntas inquisitivas. En un intento por desafiarlo, uno de los doctores lo acusó de no ser "una persona normal", alegando que tenía una "anormalidad en la parte izquierda de su cara". El autor, manteniendo la calma y con total seguridad, refutó la afirmación, reiterando que se sentía completamente normal y que sus relatos eran verídicos y se ajustaban a hechos de la naturaleza.
El autor interpreta la sensación energética que experimentó como un "apoyo logístico" de un Ente Espiritual. Describe que este "amigo invisible", que él cree reside en el corazón (el Espíritu Santo), tomó el control del "micrófono" de su mente, cuerdas vocales y boca para formular las respuestas. Gracias a esta intervención, pudo superar la prueba sin ser avergonzado, en línea con la promesa bíblica citada de Romanos 10:11: "Todo aquel que en él creyera, no será avergonzado".
Antes de narrar el hecho central, el autor dedica una parte considerable del texto a exponer su marco filosófico y expresar su gratitud:
El núcleo de esta experiencia es un suceso ocurrido en el hospital de Buenos Aires donde su hija estaba internada en 1969.
A raíz de este y otros sucesos, el autor enumera una serie de "eslabones" que conforman la cadena de su entendimiento sobre la batalla espiritual que enfrentaba:
Antes de relatar el hecho central, el autor desarrolla las bases de su entendimiento sobre cómo se establece la comunicación con Dios, destacando los siguientes puntos:
Esta sección narra el clímax de una larga búsqueda de respuestas que duró años.
El autor concluye la experiencia reafirmando su fe inquebrantable en que Dios cumple sus promesas. Considera este evento como una prueba irrefutable de la premonición y de que "nada es imposible para Dios". La revelación solo es accesible para aquellos que alcanzan cierta "madurez" espiritual y aman a Dios, pues es el Espíritu quien escudriña "aun lo profundo de Dios" para revelarlo. La experiencia en su totalidad sirve como un testimonio personal y categórico de que la comunicación directa con Dios es una realidad tangible para quien la busca con fe, humildad y perseverancia.
- La Tesis Principal: Propone que ciertos individuos, catalogados como "locos", podrían estar "sojuzgados" por seres inmateriales, es decir, espíritus de personas fallecidas que en vida tuvieron una conducta moralmente reprobable. Estos entes no evolucionaron espiritualmente y regresan a la Tierra de forma invisible.
- Definición de "Vampiros Mentales": Estos espíritus se adhieren a la mente de sus víctimas y las gobiernan "como si fueran títeres". El autor los describe como verdaderos "vampiros mentales", instigadores de los sucesos que él atribuye a los "Endemoniados Gadarenos".
- Mecanismo de Obsesión: Estos entes invisibles anulan la mente de la persona, y "anulando a la mente del hombre, se anula al hombre mismo". Lo logran mediante tácticas de convencimiento con sugerencias sutiles al principio, para no alertar a su futura víctima. Las víctimas más vulnerables son aquellas con vicios como el alcohol, el tabaquismo, las pasiones sexuales desordenadas o quienes siguen un camino deshonesto.
- Necesidad de Integración Espiritual en la Medicina: El autor considera que la especialidad médica se beneficiaría enormemente de una mayor ilustración sobre estos temas espiritualistas, ya que la mente es el "director general" del ser humano y su anulación es la clave del problema.
- Paralelismo Cinematográfico: Para ilustrar la realidad de la interacción entre seres de distintas dimensiones (física y etérea), el autor cita la película "GHOST, la sombra del amor" como una obra que representa una enseñanza profunda sobre la vida espiritual y la existencia eterna del alma. La considera un "capital de dilucidamientos" sobre estos temas trascendentales.
II. El Peregrinaje Médico y el Deterioro de la Niña
- Intensificación de las Convulsiones: Cinco días después del primer episodio (ocurrido el 3 de marzo de 1963), la niña sufre una segunda convulsión, también de madrugada. El Dr. Emilio J. Sorkovsky la examina y, junto al Dr. Miguel Ángel Viltre, constatan nuevamente la insensibilidad en sus piernas. El Dr. Sorkovsky le aconseja buscar atención en la Capital Federal.
- Primeros Tratamientos en Buenos Aires: Siguiendo el consejo, la lleva primero al Hospital Naval, donde, a pesar del buen trato, no se observa ninguna mejoría y las convulsiones se vuelven más frecuentes, ocurriendo siempre de madrugada.
- Búsqueda de Especialistas: Posteriormente, acuden a un prestigioso médico especialista y luego al renombrado Profesor en psiquiatría y neurología, Dr. Enrique Mouchet. Ambos tratamientos resultan ineficaces.
- La Revelación del Dr. Mouchet: El Profesor Mouchet le confía al autor una información delicada, pidiéndole discreción. Le explica que el mal de su hija proviene directamente de la vacuna contra la poliomielitis. Según el doctor, una partida de vacunas llegada del extranjero contenía virus vivos que, en personas con alguna deficiencia sanitaria, inoculó la misma enfermedad, dejando secuelas graves. Esta información se vio reforzada al conocer el caso de un joven médico que sufrió consecuencias similares tras vacunarse.
- Últimos Intentos Médicos: Por sugerencia del padre de este joven médico y luego de un sacerdote (R.P. J.J. Barbich), la niña es llevada a un hospital capitalino y luego al Hospital de Clínica. Finalmente, es derivada al Hospital "Costa Boero", ubicado en la misma cuadra.
- La Consulta en el "Costa Boero": Varios médicos observan a la niña, intercambian opiniones y, sin dar explicaciones, le indican al padre que puede retirarse.
- La Confesión del Médico: Mientras se retiraba por un largo pasillo, uno de los médicos lo detiene para hablar con él en privado. Con sinceridad, le expresa: "No se haga robar el dinero, ya que el mal que padece la niña no tiene solución, es irreversible, cuídela lo más posible con la medicación que tiene...".
- La Aceptación y el Secreto: El autor agradece la honestidad del doctor, admitiendo que él ya había llegado a esa misma conclusión tras tanto deambular. Sin embargo, decide mantener este diagnóstico en secreto para no destruir anímicamente a su esposa, permitiéndole seguir buscando curas en otros médicos y curanderos, aunque él sabía que todo sería en vano.
El narrador (Pérez, implícito) solicita al Doctor "E.K." un diagnóstico, confirmando este la misma conclusión fatal ofrecida previamente por otro especialista. La consulta es breve y el doctor se retira solo.
El Misterio Inexplicable:
Al regresar al interior de su casa, el narrador es confrontado por su esposa y, sorprendentemente, por su suegra, quienes afirman categóricamente haber visto a una mujer junto a él y el doctor. Ellas describen a esta figura como una mujer con un vestido largo de color blanco, ¡muy brillante!, que se quedó parada cerca de la puerta mientras el médico examinaba a la niña.
El narrador insiste en que el doctor vino completamente solo. Sin embargo, al escuchar la corroboración de su suegra, comprende que no puede tratarse de una mujer de carne y hueso. En ese instante, su análisis se transforma de materialista a netamente espiritual.
La Prueba de la Vida Espiritual:
El narrador utiliza esta experiencia como prueba irrefutable para su familia: ellas, que nunca habían creído en la vida espiritual, vieron un Ser Espiritual, demostrando así que esta entidad "sin poseer un cuerpo sólido ¡Existe! ¡Vive!". Es un fenómeno fascinante: el creyente (el narrador) no lo ve, pero las incrédulas sí.
La validación definitiva llega a través de un amigo, Raúl Macherett, quien visita al Doctor K al día siguiente. Cuando Raúl menciona que su esposa y suegra vieron a "Un Ser Espiritual", el Doctor K responde espontáneamente y sin duda:
"ahh si, es el Espíritu de una enfermera que siempre me acompaña cuando salgo a cumplir mis funciones".
Esta respuesta confirma dos verdades cruciales: la existencia de la Entidad Espiritual y que esta entidad era una mujer, tal como la habían descrito la esposa y la suegra.
La Reflexión Trascendente:
El texto concluye invitando a una profunda reflexión sobre la esencia dual del ser humano: Materia y Espíritu. Así como el vehículo (cuerpo físico) es guiado por la inteligencia conductora (el espíritu), el conocimiento adquirido en lo material es siempre parcial.
Este suceso milagroso subraya la necesidad de estudiar nuestra Esencia Espiritual Divina, la cual es "¡Trascendente!". El espíritu es inmortal y mantiene la semejanza con Dios, nuestro Creador, y nuestra vida en la Tierra es solo un ciclo en la "Escuela Planeta Tierra".
La respuesta está en entender que debemos progresar, ¡siempre "¡Excélsior! ¡Más alto! ¡Más arriba!".
El Ataque para Debilitar: La Estrategia de la Legión
Al convertirse en un enemigo para la "legión", estos seres invisibles implementaron un plan diseñado para sacarlo del "juego" como defensor.
- El Objetivo: Debilitarlo física y mentalmente a través de la dispersión del "elixir de la vida, de la creación, que es poder".
- El Método: Aprovechando las horas de sueño profundo, las "fuerzas del pecado y del mal" preparaban su mente para recibir imágenes nítidas de mujeres hermosas y un desarrollo coital que no se diferenciaba de los actos carnales verdaderos.
- La Consecuencia: Estos trances, que ocurrían hasta dos o tres veces por noche, resultaron ser "desgastantes y debilitantes". El narrador desarrolló recelo a dormir, entró en un estado de postración mental, temor (a veces con ganas de llorar), y sentía como si tuviera una "pelota de tenis" en el entrecejo, obligándolo finalmente a dejar de asistir a su hijita.
El narrador concluye que la obrante "Legión" posee inteligencia orientada al mal actuar. Tras analizar la situación, explica la razón del enfoque sexual del ataque: la casa donde vivían era de construcción muy antigua y, en el siglo anterior, ¡había funcionado como prostíbulo!. Esto hacía que la zona fuera un "aguantadero" de fuerzas invisibles y sexualistas que buscaban saciar sus bajos instintos al pegarse a la mente de personas debilitadas.
La Confirmación Divina de la Agresión
A pesar de los ataques, el narrador pedía diariamente a su Padre Celestial que le revelara la causa de las convulsiones de su hija. La respuesta llegó en un momento inesperado:
En el invierno de 1968 (Agosto 08), mientras conducía de noche por La Plata, recibió una transmisión mental tan imprevista que sus ojos se llenaron de lágrimas: "Tu hija es atacada sexualmente".
Más Allá de la Batalla: La Enseñanza de la Humildad
La experiencia espiritual del narrador lo lleva a reflexionar profundamente sobre cómo debemos relacionarnos con Dios.
- El hombre debe buscar al Padre Espiritual, el ¡Espíritu Santo" de Dios!, cuyo reino está instalado en el órgano físico llamado ¡Corazón!.
- Debemos recordar que Dios para todo tiene su tiempo y no debemos pretender apurarle.
- El ser humano, en esta "TERCERA DIMENSION EXISTENCIAL", debe poner voluntad y énfasis para alcanzar la evolución y conquistar la "perla" de la superación espiritual.
- La premisa fundamental de toda solicitud debe ser la humildad y el respeto, siguiendo el ejemplo de Jesús ante el drama más perverso: "HAGASE TU VOLUNTAD Y NO LA MIA".
- La soberbia es "dañina" y provoca lesión y sufrir, mientras que la ¡HUMILDAD! es la "madre de todas las virtudes humanas" y embellece la existencia.
Esta Experiencia no solo es una crónica de supervivencia, sino un manual de cómo el sufrimiento se transforma en una lección profunda sobre el propósito de la vida.
Esta nueva etapa de las experiencias de Adolfo Pérez se centra en la búsqueda incesante de la verdad sobre las convulsiones de su hija.
La Revelación Inesperada:
El narrador reitera su costumbre de detenerse a orar antes de viajar, solicitando conocer el origen de las convulsiones. La respuesta llega de forma repentina e imprevista: mientras circulaba de noche por el Bulevar 51 de La Plata, recibe un mensaje mental que lo impacta profundamente. El mensaje era claro y directo:
El Diagnóstico Médico y el Grito de la Víctima:
Poco tiempo después de recibir este mensaje, la revelación se confirma en el hogar. Una tarde, la hija, postrada en cama, mira desesperadamente hacia un rincón del dormitorio y grita repetidamente: "¡Ándate!... ¡Ándate! ¡Ándate!".
Alarmada, la esposa pide llamar al médico. Tras examinar a la niña, el facultativo sale del dormitorio con un diagnóstico que enlaza perfectamente con la revelación espiritual: "Está bajo una crisis sexual". El narrador inmediatamente recuerda el mensaje del Boulevard 51, atribuyendo los gritos de la niña al ataque sexual que se le había revelado.
El Origen de la Infección Espiritual: El Bajo Fondo Astral
Para explicar por qué estos ataques tienen un componente sexual tan fuerte, el narrador ofrece una inquietante teoría basada en el entorno:
- El Pasado del Barrio: En los primeros años del siglo XX, varias casas de esa cuadra (incluida la suya) fueron utilizadas como prostíbulos (burdeles) durante muchos años.
- La Impregnación: El narrador y personas estudiosas de estos temas interpretan que los pensamientos de "baja catadura" y los "apetitos sexuales bestiales, sin afecto alguno" con los que se practicaron esos actos, impregnaron los edificios.
- La "Legión" como Moscas: Los Seres Invisibles (la "Legión") que acudían a esos lugares, al no poseer un cuerpo físico, buscan saciar sus instintos persistentes. Actúan como "moscas" que se dirigen hacia donde existe la suciedad, molestando, "¡Dañando!" y llegando a desequilibrar mentalmente, incluso practicando un tipo de "vampirismo mental".
El texto advierte que este es el "solapado obrar" de entes "tenebrosos" del "bajo fondo astral". Para una persona con orientación ateísta, será casi imposible percatarse de esta explotación o contrarrestar el "nefasto accionar" de estas mentalidades de baja espiritualidad, cuyas obras son "sucias! ¡impuras!".
La solución para el hombre es clara: Buscar a Dios. En Él se encuentra la "solución idónea y divina" a través de la "insuperable ENERGIA DE VIDA" de color dorada que Dios coloca en el corazón.
El Martirio y la Decisión Paternal:
El 16 de octubre de 1970, el alma de la hija finaliza su ciclo en el Planeta Tierra y abandona su cuerpo, a la edad de 14 años. El narrador confiesa una "circunstancia" que, si bien podría parecer insensible, fue parte del "libreto" del drama. Sabía que no existía "ninguna posibilidad de mejoría", sino solo un desmejoramiento paulatino, y el martirio que sufría su tierna Almita era inmenso, pues mantenía plena lucidez mental a pesar de no poder hablar, caminar o usar sus manos.
La Oración Crucial y de "Ribetes de Judas":
Una tarde, junto a su cama, Pérez sintió la necesidad de concretar un pedido silencioso al Padre Celestial. Su plegaria fue doble: "¡Sánala Señor!"; pero si la sanación no era posible, entonces le suplicó: "¡Llévatela contigo! Te lo pido por piedad hacia ella". Pérez reconoce que este accionar podría tener "ribetes parecidos a los de Judas", pero lo hizo movido por un pensamiento de amor y piedad.
Dios Se Apiada:
Apenas tres o cuatro días después de esta petición, Dios se apiadó de la pequeña e hizo que su alma se separara del cuerpo y se dirigiera a la mansión prometida por Jesucristo.
Tras la partida, el narrador, hincado de rodillas junto al cuerpo exánime, derramó "todas las lágrimas acumuladas durante años", experimentando un desahogo total.
La Muerte como Transformación y la Paz Absoluta:
Pérez interpreta la "llamada muerte" no como un final, sino como la separación del alma de su vehículo carnal. El espíritu se dirige a Dios, mientras el cuerpo regresa a la madre tierra, el laboratorio perfecto donde "Nada muere, todo se transforma".
Con esta comprensión, Pérez enfocó su obrar en un ruego constante a Dios: que el velatorio, el momento de cerrar el féretro y el sepelio transcurrieran sin "llantos desgarrantes, ni desmayos", sino en completa paz y armonía.
La Evidencia de la Oración Cumplida:
El evento transcurrió exactamente como fue solicitado: con pesar en los corazones, pero en completa paz. Al salir de la necrópolis, el Doctor Emilio J. Sorkovsky le confesó al narrador el asombro general: "toda la gente se extrañaba que durante todo el proceso, tan duro, siempre existió plena paz". Pérez guardó silencio sobre sus oraciones, agradeciendo que sus peticiones de piedad hubieran sido satisfechas.
El autor utiliza esta experiencia para reflexionar sobre por qué el mundo rechaza lo espiritual. La razón principal es la imposibilidad de presentar pruebas fehacientes y concretas, ya que el espíritu no posee elemento material. Sin embargo, insiste en que el hombre eventualmente interpretará que él es un "¡espíritu energético! Y eterno".
El poder de la fe se sustenta en la promesa bíblica (Mateo 21:22): "Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis".
La Semilla de la Existencia:
Finalmente, el texto concluye con una poderosa metáfora: se siembra una semilla y se cosecha la misma semilla, pero multiplicada. La vida es un ejercicio continuo de reiteraciones que nunca podrá ser un estado definitivo. La ignorancia provoca temor a un "viaje truncado", pero el Ser, siendo creación de Dios, ¿fenecerá?. El desconocimiento de que el hoy es el hálito del ayer es lo que nos impide investigar la eternal existencia, por un "irracional miedo a lo desconocido".
Esta etapa, detalla las profundas reflexiones y los fenómenos energéticos que experimenta el Adolfo tras la partida de su hija, Norma Inés.
Norma Inés: La Iluminación del Padre:
El 16 de octubre de 1970, el Alma de su hija, Norma Inés, cumplió su ciclo terrenal, dejando su cuerpo y partiendo hacia su verdadero Padre—Dios. Pérez confiesa que fue su hija quien iluminó su vida, haciendo que dejara de darle la espalda al Supremo Creador. La búsqueda sincera de Pérez, motivada por la enfermedad de su hija, lo llevó a ofrecer su pecho y corazón a Dios para encontrar la verdad de la vida.
El Desahogo y el Mandato de Paz:
Al producirse el deceso en la tarde, Pérez se arrodilló junto a los despojos de su hija y comenzó a llorar profundamente. Este llanto fue una liberación de la angustia que lo había atormentado durante los siete años de la enfermedad. A medida que esa angustia desaparecía, comenzó a sentirse "liviano" y recibió una revelación mental de que no debía sufrir ante un hecho inevitable y natural.
En ese momento, Pérez sintió un mandato interno: debía orar constantemente durante el velatorio para que todo transcurriera en paz, con normalidad, sin gritos desgarrantes ni excesivas expresiones de dolor. Consciente de su obligación, Pérez sentía una gran paz interior que le era brindada internamente.
La Promesa Cumplida: "Todo lo que pidiereis... os será dado"
Pérez cumplió con esta "orden mental" introduciéndose en el baño para implorar por la paz en ese lugar. Él se basó en la promesa de El Señor Jesús, El Cristo: "todo lo que pidiereis a mi Padre, en mi nombre, os será dado".
La promesa se cumplió, y la situación de paz fue notoria.
El Despertar Energético y la Presencia Divina:
La experiencia espiritual de Pérez continuó al día siguiente del sepelio, específicamente a las cinco de la mañana (5 AM) del 18 de octubre. A partir de entonces, esa se convirtió en la hora en que Pérez era despertado, no por voluntad propia, sino con una idea fija en su mente para escribir sobre cosas sublimes.
Este despertar era acompañado por:
- Plena lucidez mental, como si llevara horas despierto.
- Una energía muy sutil que le impregnaba la coronilla.
- Al conectarse mentalmente, esa irradiación invadía todo su cuerpo, superando sus contornos físicos por 15 o 20 centímetros.
El Espíritu Santo y el Corazón
- El autor relaciona esto con la imagen del Señor ¡Jesús Cristo! conocido como el "Sagrado Corazón," de cuya parte superior emerge una llama = luz = energía, que corresponde al Espíritu Santo de Dios.
- Para obtener corroboración de que el Espíritu Santo mora en el corazón, Pérez invita a buscar en la Primera Epístola a los Corintios, Capítulo 6, Verso 19.
El texto finaliza con un llamado a la acción espiritual, citando una promesa de la Biblia (Josué: 1/9) que anima al esfuerzo y la valentía, asegurando que Dios estará con el creyente.
Se destaca que el Corazón es la fuente insuperable de amor y luz, y que es inteligente caminar iluminados por el "resplandor" interno que existe en cada uno, haciendo que el tropezar resulte ser tan solo una quimera.
Finalmente, el texto recuerda el llamamiento de amor de "EL MÁRTIR DEL GÓLGOTA" (Jesús el Cristo): "Venid a Mi todos los que estáis trabajados y cargados, y Yo os haré descansar" (San Mateo: Cap 11, V 18), ofreciendo restauración de inestabilidades físicas y mentales.
Esta experiencia, narra el cumplimiento del mandato recibido por Pérez, transformando su dolor en una misión literaria.
La Orden que No Permite Dormir:
Pérez confiesa que nunca tuvo ninguna inclinación a escribir versos o poemas. Sin embargo, la partida de su hija (el 16 de octubre de 1970) y su sepelio (el día 17) lo dejaron exhausto. A la madrugada del día 18 de octubre, a las cinco de la mañana (5 AM), Pérez se despierta por efecto de una sugerencia mental.
Su mente, totalmente lúcida, recepcionaba insistentemente la orden: "¡escribe!... ¡escribe!".
Intentó seguir durmiendo y luego intentó leer el diario mientras tomaba mate, pero la orden invadía su mente sin cesar, impidiéndole concentrarse.
La Rendición y el Vacío Mental:
Al convencerse de que la palabra era una orden, Pérez se puso de pie y dijo: "está bien, si tu lo quieres lo haré".
- Tomó papel y lápiz y se sentó frente a un baúl en el lavadero.
- Al colocar el papel y afirmar el lápiz, su mente quedó "totalmente vacía de todo pensamiento" por un instante.
El Dictado Incontrolable y el Poema de la Liberación:
Envuelto en ese hermoso fluido energético, Pérez comenzó a escribir y a llorar ¡copiosamente!. Vertió todas las lágrimas que había contenido durante los largos siete años de "verdadero calvario" para no desalentar a su familia.
Mientras lloraba, sin saber qué escribir, su mente fue invadida por el título: "HACIA DIOS FUISTES".
El poema, dictado desde el título hasta el final, fue escrito con una velocidad inusual por su mano derecha, a pesar de tener los ojos nublados por las lágrimas. Pérez recalca que lo único que puso él fue su mente en blanco, sin esfuerzo alguno por pensar o enhebrar el contenido. El poema celebra la liberación del dolor de su hija, su paz y resignación, y el rol de ella como "guía de mi vida" que le trajo comprensión.
La Confirmación de la Misión:
Terminada la escritura, Pérez transcribió el poema literalmente a máquina de escribir y, bajo la fuerte convicción de que debía hacerlo, lo llevó al semanario "La opinión" para que lo publicaran.
Este acto de publicación fue el preludio de otro mensaje que recibió años después, mientras seguía estudiando el sentido de la existencia humana (¿de dónde viene?, ¿para qué viene?, ¿hacia dónde va?).
El mensaje que recibió fue la orden final para su obra: "Deberás escribir tus experiencias y les titularás 'Mis experiencias con Dios'".
La Ley del Sembrador: Karma y Cuenta Corriente:
En esta experiencia, Pérez introduce conceptos profundos para explicar por qué ocurren estos "vaivenes" en la vida. Utiliza metáforas para describir la "ley de causalidad", también conocida como Ley del Sembrador o Karma:
- Deuda Espiritual: Si el hombre obra como transgresor, adquiere una deuda con la vida, que es justa por excelencia.
- Contabilidad de Partida Doble: Pérez llama a esta ley "contabilidad de partida doble", con un libro complementario denominado "cuenta corriente" que contiene un Debe y un Haber.
- Saldo Acreedor vs. Deudor: Si el saldo es acreedor, se puede "cobrar" con paz y alegría. Si el saldo es deudor, la obligación es cancelar la deuda, lo cual se traduce en sufrimiento (el "lloro" y "crujir de dientes").
- Siembra de Pensamientos: El origen de este discurrir karmático radica en los pensamientos. El hombre inteligente y con voluntad debe analizar el pensamiento ("gatito") antes de darle libertad de manifestarse.
- Libertad para Sembrar, Obligación para Cosechar: La reflexión clave es: "La siembra es libre... la cosecha es obligatoria". A diferencia del sembrador rural, en la vida espiritual, el ser humano no puede decidir no levantar los frutos de sus acciones ni delegar en otro (contratista) la cosecha.
Pérez reitera que su hija cumplió sublimemente la misión de traer a su padre terrenal hacia una plena conversión, dándole luz y benefactora liberación.
El texto enfatiza la importancia de la ¡Fe! como la "manija" que permite el arranque positivo para interpretar fehacientemente nuestra verdadera estirpe espiritual, invitándonos a no claudicar en la búsqueda y a avanzar hacia la sabiduría espiritual-divina.
Todo comienza con una aparición innegable...
Tras cumplirse el primer aniversario del fallecimiento de su hijita, Norma Inés, se oficia una misa. En medio de la solemnidad, ocurre un evento que hiela la sangre: la hermana del autor siente un profundo temor porque ha visto el espíritu de Norma Inés ingresar al altar junto al sacerdote y luego descender.
Para corroborar este suceso que parece imposible, el autor busca el testimonio de una amiga con el Don Divino de la visualización (o videncia), Carmen Sassone. ¡La confirmación es rotunda! Carmen no solo afirma haber visto a Normita entrar con el Padre, sino que describe con detalle cómo el espíritu se trasladó a la primera fila para ir de un padre al otro, antes de retirarse junto al sacerdote al finalizar la ceremonia.
Una experiencia personal que revela una verdad universal
Este encuentro espiritual se convierte en la base de una revelación que lo cambia todo. El texto se transforma en un manifiesto que busca erradicar el terror ancestral hacia la muerte:
- La Vida es una Escuela: Nuestra existencia en la Tierra es solo un "ciclo lectivo" en la "escuela planeta Tierra". Aquí venimos a aquilatar conocimientos, cultivar la humildad y, sobre todo, ejercitar el AMOR, que es el único camino para la salvación del hombre.
- La Muerte es una Transformación Gloriosa: La temida "muerte" es un concepto falso que engendra miedo y terror. En realidad, es una "partida" o una metamorfosis. El proceso es comparable a la oruga, fea y lenta, que se transforma en una hermosísima y libre mariposa.
- El Cuerpo de Gloria: Al finalizar su ciclo, el verdadero ser humano (el espíritu) abandona su "vehículo carnal" y de inmediato se reviste de un "cuerpo de gloria", sutil, energético y eterno. La promesa es segura: "Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él ¡todos viven!". La partida significa una liberación: el alma remonta vuelo hacia el espacio sideral, su morada verdadera.
- Una Evidencia de Fe: Esta verdad es tan firme que el Señor Jesús le aseguró al ladrón en la cruz: "De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso", confirmando que la aniquilación total es imposible.
El Misterio de la Causalidad y el Amor Redentor
El autor también relata un misterio familiar que demuestra la mano de Dios (la causalidad, no la casualidad): Seis meses antes de la partida de Norma Inés, su esposa queda embarazada de forma inesperada. Inicialmente, este suceso le causó angustia.
Pero el tiempo reveló la razón: Dios envió a la nueva criatura para que la madre, un ser sensible, no corriera el riesgo de perder el deseo de vivir ante el dolor por la temprana partida de su primera hija. La nueva vida aseguró que el amor materno continuara prodigándose en este plano.
Y como testimonio final de su liberación, el cuerpo de Norma Inés, que en vida había sido su "cruz", yacía en el féretro con una sonrisa de paz sublime, mostrando la complacencia de su espíritu al evadirse hacia su existencia eternal.
Experiencia N° 17
Esta narración se desarrolla en un alfalfar, en las primeras horas de la primavera, y tiene como protagonistas a una liebre, una oruga y una mariposa. Es un diálogo tripartito que expone la realidad inexorable de la VIDA; DESPUÉS DE LA VIDA.
El Encuentro y la Vanidad de la Forma
Una joven liebre, corriendo y brincando alegremente, se detiene ante la visión de una pequeña oruga adherida a un tallo. La liebre siente profunda lástima, expresándose con compasión condescendiente: "¡Pobrecita hermanita oruga!". La liebre se regodea en el contraste, destacando su propia velocidad y esbeltez física frente a la lentitud y figura "poco agraciada" de la oruga.
La oruga, manteniendo un silencio respetuoso, finalmente rompe su mutismo ante las lamentaciones de la liebre:
"Mira mi querida hermanita de la vida, joven liebre, no te atormentes tanto... todo se halla sujeto, al cumplirse determinados ciclos, que al fenecer los mismos, el esplendor le espera, para otorgarle nuevo ropaje y una nueva representación sobre el escenario celestial".
La oruga le asegura a la liebre: "pronto te será posible verme con mi cuerpo de gloria". La liebre, aunque escéptica, retoma su carrera.
La Tragedia Aparente: El Triunfo de la Muerte
Pasan varios días, suficientes para que se cumpla la metamorfosis natural. La liebre regresa al alfalfar, pero el recuerdo de la oruga se había desvanecido. De repente, la ve de nuevo, adherida al tallo, pero esta vez, "exánime diríase, ¡muerta!".
La liebre se llena de angustia, lamentándose de la "muerte" que aniquila todo vestigio de vida. Piensa que la oruga se había engañado con su promesa optimista.
Pero justo en ese instante, la liebre escucha un nítido "shhh!, shhh!" justo sobre su cabeza.
La Gloriosa Revelación
Al levantar la vista, la liebre se encuentra con una mariposa multicolor realizando vuelos rasantes y acrobacias. La liebre queda absorta, notando que este nuevo ser la supera en belleza corporal, técnica de vuelo y velocidad. Era una conquista visual de hermosura inusual.
La mariposa, al ver el pesar de la liebre, le pregunta la causa de su sufrimiento. La liebre le explica que está de duelo por la oruga, la cual prometió una "vestimenta de gloria" pero fue "totalmente aniquilada por el poder de la muerte".
Es entonces cuando la mariposa interrumpe con la verdad:
- El Respeto a la Creencia: Respeta el derecho a pensar, pero le asegura que la oruga "no te mintió cuando te aseguró que le verías en 'un cuerpo de gloria'".
- La Transformación Total: La mariposa explica que la oruga no murió, sino que tan solo "partió". La liebre debe recordar la afirmación: "Dios, no es Dios de muertos, es Dios de vivos".
- La Pregunta Crucial: La liebre, aún incrédula, insiste: "¿Puedes acaso decirme en que consiste la 'vestimenta de gloria'... ¿Dónde puedo ver a esa oruga de nuevo, para poder creer?". La mariposa responde con calma y alegría: "¿Cómo, hermanita liebre, aún no me has reconocido?".
"¡Yo Soy! el espíritu de aquella oruga que por el poder y amor de Dios me he transformado en lo que ahora ¡soy!".
El cuerpo inerte que la liebre ve en el tallo son solo los "restos, que conoces como mortales". La oruga y la mariposa son dos expresiones existenciales con fisonomías distintas.
La Inexorable Ley de la Existencia
La mariposa le enseña a la liebre que son "eslabones de una misma cadena," y que todo en la creación se halla sujeto a cambios: nada se pierde; todo se transforma. Es como un actor que finaliza un acto, se "desviste" del traje de oruga e instantáneamente surge al escenario como la mariposa.
Esta transformación es la evidencia fehaciente de la "eterna ley de la creación" y la prosecución existencial hacia la eternidad. La llamada "muerte" es solo: "vida, después de la vida". Este es un proceso que orienta a todas las especies hacia la "ley de evolución" y la ¡vida eternal, ¡sin excepción!, ¡posibilidad de todos!.
Un dato de la vida real que apoya la parábola:
El autor, para sustentar esta parábola, cuenta su propia experiencia. Tomó varias orugas y hojas de su enredadera (Flor de Mburucuyá) y las colocó en un frasco de vidrio blanco perforado. Pudo ser testigo visual de la metamorfosis: vio cómo de la parte posterior de una oruga, comenzaba a emerger una pequeña ala multicolor que se aleteaba hasta que finalmente la hermosa mariposa (el espíritu de vida de la oruga) logró salir, confirmando la realidad "Vida, después de la vida".
La parábola concluye llamando a la liebre (y al lector) a razonar: si Dios le otorgó este gran privilegio transmigrante a una simple oruga, "¿el hombre, hecho a su semejanza, quedará erradicado de tan magnífica gestión 'resurrectiva'?". ¡No!, la diferencia es que el ser humano se evade y forma un cuerpo etéreo y netamente espiritual en el espacio sideral, mientras que la oruga cambia a otro cuerpo físico (mariposa). Pero el principio es el mismo: nadie ni nada entra en exterminio.
Experiencia N° 18
Esta experiencia es una confesión profunda del autor y una dura crítica a la humanidad, preparándonos para una revelación poética crucial que sacude los cimientos de nuestra existencia.
El Marco del Drama y la Paz Recuperada
Abarca el lapso desde el 03 de marzo de 1963 hasta el 16 de octubre de 1971, periodo que coincidió con el inicio de la afección de su pequeña hija, Norma Inés, quien se convirtió en el eje de tantos sucesos. El autor confiesa que, inicialmente, le fue imposible mentalizar "la letra" y la "postura actoral" que se vio obligado a representar en ese escenario familiar, sin preparación ni ensayo.
Sin embargo, en este drama, tres figuras centrales (la niña, la madre y él) contaron con la guía de un "amigo invisible," el "Espíritu Santo," una luz del reino corazón que ofrece soluciones por instancias del plan divino y universal.
La Crítica a la Tergiversación Humana
El autor, con la paz mental retornada en 1998, reflexiona que las acciones impulsivas del hombre, bajo el yugo de las pasiones tergiversantes y un egocentrismo distorsionador, han deformado los sentimientos de Dios.
La ambición de posesión y la búsqueda de "placeres efímeros" son comparadas con la parábola del rico y Lázaro, advirtiendo que la fama y la ambición excesiva son un poder nocivo que defrauda la felicidad.
- La Escuela Tierra: Se reitera que la existencia terrenal es solo un "ciclo evolutivo-lectivo" en el aula de la "escuela Planeta Tierra".
- El Tránsito Inexorable: Al llegar al clímax vivencial, estamos obligados a entregar nuestro "vehículo-cuerpo" a la Madre Tierra para que "engrose su 'reino transformador'". El tránsito a la cuarta dimensión existencial (sideral) es instantáneo.
- La Injusticia Social como Pecado Capital: La gran falla de la humanidad es haber diagramado y ejecutado un "proyecto" reñido con la justicia divina, que resulta en la "Regimentar la expoliación del hombre hacia el hombre". Esto ha desvirtuado el propósito de la Tierra, un paraíso que Dios nos entregó para que todas las especies vivan armónicamente.
El progreso técnico, que debió beneficiar a todos, ha sido orientado casi totalmente al sector empresario, dejando a la mayoría como receptora de la mezquindad sentimental. Esto lleva a que muchos no puedan cumplir el precepto bíblico: "Ganarás el pan con el sudor de tu frente". La desocupación, la injusticia, el hambre y el envenenamiento de los elementos esenciales están llevando a la humanidad hacia una respuesta inevitable de la naturaleza.
La Conversión Radical: El Neófito y San Pablo
El autor confiesa que antes de recibir el mensaje clarísimo del 3 de marzo de 1963 (3 AM), él fue un ateo total e incrédulo. Su drástico cambio de mentalidad, comparado con la conversión del Apóstol San Pablo, fue casi instantáneo.
- San Pablo pasó de ser Saulo de Tarso, perseguidor de cristianos, a evangelista por excelencia tras recibir una voz y un mensaje rotundo.
- El Autor pasó de incrédulo total a "indecibible defensor de las verdades de la vida eterna" en lo que dura un "chasquido de dedos", ingresando a la luz de Cristo Jesús y de Dios.
El autor acepta la comparación, aunque con humildad, señalando que la diferencia entre él (en un nivel "primario" o "secundario") y las Deidades que secundan a Dios es un largo camino a transitar.
La Premonición y el Propósito Final
El autor relata una evidencia fehaciente de la ayuda que recibió: al inicio del drama, se le dijo: "Compra un auto que tu hija no va a caminar". Este mensaje premonitorio se cumplió y le dio amplia ayuda.
El propósito de escribir todas estas experiencias es cumplir una sugerencia que se le transmitiera, buscando que el lector ("querido hermanito de la vida") encuentre la inquietud de conocerse a sí mismo y la seguridad de que nunca se está solo.
El Poema Lacerante: La Pregunta Fundamental
El autor culmina esta experiencia con la introducción al poema, que le fue revelado mentalmente cinco días después del primer poema ("Hacia Dios fuistes"). Esta nueva inspiración se le presentó con un título: "¿Quienes son los muertos?"
El autor expresa que este poema es drástico y lacerante para aquellos "duros de cerviz", y llama a la humanidad a detener la irracional trayectoria impostora, a restablecer el respeto a la naturaleza ("Que es Dios"), y a recordar que: "Cosecharás lo que has sembrado".
¡La culminación de las experiencias del autor llega con la revelación del poema "¿QUIÉNES SON LOS MUERTOS?" y una conclusión que sella la veracidad de todo lo narrado, invitando al lector a un profundo examen de conciencia!
El Poema: ¿QUIÉNES SON LOS MUERTOS?
El poema, tal como fue anunciado, es drástico y ofrece una respuesta impactante, invirtiendo la percepción común de la muerte:
El autor afirma que los verdaderos "muertos" no son aquellos cuyos cuerpos yacen en tumbas frías, sino quienes viven en la Tierra sin amor ni conciencia.
Los Verdaderos Muertos Son:
- Los que caminan en este mundo con el corazón lleno de vanidad y egoísmo, aferrados a las cosas materiales, y que piensan solamente en sí mismos.
- Los que permanecen con el alma endurecida, sin pensar jamás en un sufriente, y que son capaces de engañar a un inocente para satisfacer sus viles intenciones.
- Aquellos que, aferrados al pecado, no permiten el progreso de sus almas, que creen tenerlo todo en su existencia, pero les falta ¡Paz!, ¡Amor!, y, ¡Calma!.
- Aquellos que desechan lo noble y bello, corriendo tras la visión de una "loca orgía".
- El autor expresa con dolor que, por más que caminen por la tierra, aquellos seres que están vacíos ¡por dentro!, ¡esos sí que están muertos, aunque vivan sus cuerpos todavía!.
Y Aquellos que Partieron...
En contraste rotundo, el poema establece que aquellos que partieron un día y yacen sus cuerpos en tumbas frías, a pesar de que se les lloren como muertos, "¡esos sí, ésos viven todavía!".
El autor ruega encarecidamente a los lectores que dejen de llorar a sus seres amados, que son llamados muertos.
Advertencia:
- No los entristezcáis con vuestros efluvios de dolor y sufrimientos que a ellos llegan.
- Vuestros pesares les causan sufrimiento porque ellos tienen conciencia y necesitan de vuestros pensamientos de amor, de paz y tranquilidad.
- Ellos ¡no murieron! Tan solo abandonaron sus vehículos-cuerpos y partieron.
- Están de regreso a la casa del Padre, acompañados por ¡Cristo - Jesús!, de acuerdo a Sus promesas.
- El ser inteligente que fue, y, es, ¡No murió! Tan solo ¡partió!.
- El ser ya está en la mansión del Padre, y cantará otra vez con gozo: ¡GLORIA A DIOS! Y ¡ALELUYA!.
Recuérdales con pensamientos positivos y amorosos, y ellos, que os siguen amando como seres muy queridos, os dispensarán reciprocidad, lo cual es una ¡Total posibilidad!.
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El autor finaliza su obra con una serie de aclaraciones fundamentales que resumen su convicción:
- El Tema Tabú y la Seguridad: Reconoce que esta temática siempre ha sido un tema tabú, pero su Fé y Seguridad, dadas por largos años de estudio, le permiten asumir plenamente el convencimiento de la existencia de varias dimensiones existenciales.
- La Escuela y el Regreso: La Tierra es la "verdadera escuela planeta tierra", nuestra tercera dimensión existencial. El espíritu actúa como conductor del "idóneo vehiculo-cuerpo". Una vez cumplido el ciclo, egresan de su cobertura corpórea para regresar a la casa del Padre, en el espacio sideral, que representa ser la cuarta dimensión de existencia.
- La Esencia Pura: Este viaje es comparable a un boleto de ida y vuelta en tren. El espíritu ingresa al vientre materno y egresa del cuerpo en estado de ESENCIA PURA, espiritualmente en condición etérea e invisible para casi todos los humanos. El autor enfatiza que esta es una realidad que la humanidad debe asumir: hemos sido y seguiremos siendo actores en distintos escenarios existenciales, tan real el uno como el otro.
- Veracidad Personal: El autor revela que él fue un hombre de dudas durante cuarenta años, y que solo salió de su incredulidad por la "prueba tan rotunda" que lo marcó a fuego, incrementándose luego por la gracia de nuevas experiencias.
- El Desafío Final al Lector: El autor considera al lector su hermano espiritual y le ofrece su seguridad de plena veracidad en cada experiencia narrada. Para que el lector lo dilucide, le plantea una pregunta de conciencia:
Pónte en mi lugar, considérate el progenitor de la niña que en este plano ya no está... ¿Tú tendrías el coraje de incurrir en aberrantes mentiras poniendo su nombre (Norma Inés) como eje de esas supuestas mentiras...? ¿Tú cometerías tal desfase moral y sentimental?.
El autor deduce la respuesta del lector: "¡No, ni lo pensaría!". Y con ello, confirma: "Yo tampoco lo hice". Él mantiene la paz de su alma y la premisa fiel hacia el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y hacia las deidades que les secundan en el Plan Divino de: Paz Armonía Amor - Justicia Universal.
El autor concluye invitando al lector a releer las experiencias y sacar conclusiones de las verdades que son.
¡QUE DIOS TE BENDIGA!






















